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De toda esa desconocida región de países acabados en “-tan”, Kazajistán es el más extenso. De hecho es el noveno país más grande del mundo. Tras sus fronteras se esconden vastas estepas en el sur, frondosos bosques en el norte e impresionantes montañas en el este. Podríamos decir que Kazajistán es un gigante discreto que aún no ocupa un papel importante dentro de los destinos turísticos internacionales. Una economía fuerte basada en el gas y el petróleo, y una localización incierta a medio camino entre Europa y Asia hacen que Kazajistán no haya dedicado demasiados esfuerzos a ser un referente para el turismo, sin embargo, justo eso es lo que nos anima a buscar en él nuevas rutas y recorridos que os sorprendan.

Kazajistán, o como se traduce su nombre: “Tierra de los hombres libres”, ofrece un paisaje cambiante en sus diferentes puntos cardinales y una cultura casi mestiza entre lo ruso y lo nómada, entre lo ortodoxo y lo musulmán, entre siberianos y mongoles. No en vano, el idioma oficial para sus casi 20 millones de habitantes es el kazajo y el ruso.

Más allá de Nursultán, la capital, y de la moderna y atractiva ciudad de Almaty (la capital del sur), no resulta tan sencillo encontrar signos de civilización. Apenas 7 habitantes por kilómetros cuadrado ocupan todo el territorio, sin embargo, se puede disfrutar del fervor cultural en algunos puntos estratégicos como la ciudad de Turkestán, una especie de meca religiosa para los kazajos, o sentir la experiencia de convivir en movimiento con trabajadores y mercaderes a bordo del desconocido Trans-Aral, un tren que recorre las estepas del sur desde Almaty hasta Volgogrado, en Rusia.

Casi al final del camino podemos detenernos en el extinto Mar de Aral, hoy en día considerado el mayor desastre ecológico de la historia moderna, ya que donde antes había barcos y pueblos pesqueros, ahora hay un desierto en el que los pescadores tuvieron que reconvertirse en pastores de camellos. No es sencillo visitar los últimos poblados del Aral, pero tras varias expediciones hemos logrado una amistad que nos permite mostraros esta nueva realidad desde dentro.

Pero Kazajistán es mucho más que estepas. Mientras el norte hace frontera con Siberia y muestra un paisaje más propio de la taiga, el oeste despliega ante el viajero la imponente cordillera de Altai. Estas montañas de más de 4.000 metros de altitud no solo nos permiten realizar trekkings alejados del circuito clásico de rutas de montaña, sino que nos dan la posibilidad de acercarnos al misticismo de la cultura altaica. En un territorio compartido entre Rusia, China, Mongolia y Kazajistán, las cumbres y los valles de Altai albergan comunidades indígenas con señas de identidad tan marcadas como la tradición de los Berkutchi, los cetreros kazajos que habitan la frontera de la cordillera con Mongolia.

  • Superficie: 2.724.900 km2
  • Población: 20 millones
  • Capital: Nursultan
  • Altitud máxima: 7.010 m. (Khan Tengri)
  • Idioma: Kazajo y ruso
  • Economía: Petróleo, gas, carbón, y minería variada.
  • Etnias: Kazajos, rusos, uigures y tártaros.
  • Fauna: Águila dorada, camello bactriano, glotón, snow leopard, lobo, kulan…

A pesar de ser un país con una gran estabilidad política y altos niveles de seguridad, el sector turístico no presta demasiada atención a Kazajistán, pero cuando tienes la posibilidad de trabajar en el terreno y explorar las posibilidades que tiene un país tan inmenso como este, surgen recorridos alternativos que nos permiten lograr una experiencia fuera de cualquier otro circuito organizado.

Si estás buscando un viaje diferente donde la historia y la cultura se mezclan con paisajes salvajes, Kazajistán es un destino solitario, seguro y diferente que deberías plantearte. 

Estate atento porque pronto podrás acompañarnos en una nueva expedición por el país de los hombres libres.

Cordillera de Altai

Posiblemente una de las regiones montañosas más especiales del mundo. A medio camino entre lo místico y lo salvaje, entre lo mongol y lo kazajo, entre lo chino y lo siberiano. El macizo de Altai es una de las zonas más remotas del planeta en la que además de montañas superiores a los 4.000 metros podemos encontrar culturas indomables provenientes de las etnias altaicas. 

Adentrarse en Altai es viajar a un limbo geográfico que entremezcla el nacimiento de los ríos que luego recorrerán Siberia hasta el Ártico, con el final de las estepas mongolas al chocarse con estas montañas. Una travesía por Altai permite no solo sumergirse en una vasta naturaleza, sino también alcanzar valles recónditos poblados por los últimos caballos salvajes del oriente, y por culturas tan fascinantes como los Berkut (cazadores de águilas).

En un país con una superficie tan extensa como Kazakhstán, la Cordillera de Altai supone un extraño oasis geográfico y étnico que nos podrá difícil describir si nos encontramos en Asia Central o en el corazón de Siberia. Y es que tal vez es ambas cosas.

Transaral

Los rusos siempre fueron muy de trenes. Las redes kilométricas que conforman el Transiberiano son las más famosas del mundo, sin embargo, durante su expansión por Asia Central, los soviéticos crearon otros recorridos menos conocidos que hoy en día tenemos la oportunidad de descubrir si nos salimos un poco de las rutas comerciales. El Trans-Aral es uno de ellos. 

Si viajas a bordo de este tren podrás atravesar toda la estepa sur de Kazakhstán hasta llegar a Rusia. Partiendo desde la ciudad de Almaty, la más moderna y poblada del país, iniciamos un trayecto de 1.600 kilómetros que recorrerá pueblos y ciudades legendarias como Kyzylorda o Turkestán hasta el pueblo pesquero de Aralsk. En realidad, la línea ferroviaria sigue el curso natural del río Syr Daria que antiguamente desembocaba en el extinto Mar de Aral, lo que nos permite contemplar a bordo del tren los cambios que han sufrido tanto la estepa kazaja como la cultura y las costumbres de los kazajos a lo largo de los recónditos asentamientos del sur.

Si eres amante de los viajes pausados, la conversación constante con pasajeros locales, y la extraña comodidad de una cama sobre raíles que avanza por la estepa, tal vez deberías pensar en subirte a un compartimento del Trans-Aral y descubrir una de las historias más peculiares entre el hombre y la naturaleza hasta allá donde el mar, ha desaparecido.

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