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Lagos turquesa, fortalezas de la Ruta de la Seda y una carretera que nos lleva por el techo del mundo, una gran aventura en Asia Central. Aislado durante siglos y apenas visitado por turistas, Tayikistán conserva uno de los paisajes más montañosos y sorprendentes del mundo, por los que transitaba, en otros tiempos, la mítica la Ruta de la Seda.

Un destino maravilloso para amantes de la escalada y los paisajes de montaña, de la naturaleza en estado casi puro y de quienes buscan el contacto con comunidades locales con poca relación con la cultura occidental.

Viajar a Tayikistán puede asustar un poco por ser un país que hace frontera en su extremo sur con Afganistán, sin embargo, el terrorismo no es algo que deba preocupar a la hora de venir al país vecino. El gobierno ruso ha mantenido desde hace décadas una importante influencia en la zona para garantizar la paz en las repúblicas ex-soviéticas, de ahí que Tayikistán también sea un destino seguro y no existan las dificultades que podríamos encontrarnos en territorio afgano. 

El desconocimiento, la nula publicidad turística, y su ubicación geográfica han supuesto una receta perfecta para que viajar a Tayikistán sea lo más parecido a viajar al pasado y conocer formas de vida ancestrales a través de familias pacíficas y hospitalarias que apenas han tenido contacto con extranjeros. Por otra parte, a nivel de naturaleza ofrece un inagotable catálogo de trekkings y escaladas para explorar montañas vírgenes con la sensación de ser los primeros en pisar este rincón perdido de Asia Central.

  • Superficie: 144.100 km2
  • Población: 9 millones.
  • Capital: Dushambe
  • Altitud máxima: 7.495 m. (Pico Ismail Samani)
  • Idioma: Tayiko y ruso
  • Economía: Agricultura y ganadería de subsistencia.
  • Etnias: 40 etnias diferentes entre las que destacan tayikos, uzbekos, kulobis y pastunes. 
  • Fauna: Osos, lobos, cabras de Marco Polo, yaks, leopardo de las nieves, cabra montés…

El país más montañoso, el más anclado en el tiempo y a su vez el menos visitado de Asia Central. Situado al sur de Kirguistán, la tierra de los tayikos se despliega a la sombra de la recóndita cordillera del Pamir, donde montañas desconocidas esconden los poblados más inhóspitos de toda la región.

Es un país salvaje, indomable, con casi un 50% de su territorio por encima de los 3.000 metros sobre el nivel del mar. Allí nos encontramos asentamientos humanos que viven en su mayoría de la ganadería, la minería, y en pequeña escala de la agricultura de subsistencia. En términos económicos podría decirse que Tayikistán es el país más pobre de Asia Central, pero desde una perspectiva étnica nos encontramos con lugares casi inalterados desde hace siglos en los que la cultura pastoril ha sobrevivido intacta hasta día de hoy. No en vano, el idioma oficial es el tayiko, un idioma muy parecido al Farsí iraní o el Darí afgano. En la región del Badajshán, en las montañas del Pamir, se habla el Pamiri.

Al ser un país pequeño, de aproximadamente 150.000 km2, podemos recorrerlo en su totalidad sin emplear demasiados días en desplazamientos y pasar de la capital, Dusambé, a los primeros valles a los pies del Pamir en pocas horas. Allí es posible explorar asentamientos pre-islámicos resultado de la mezcla de civilizaciones persas y zoroastrianas, y es que no debemos olvidar que a solo 70 kilómetros de la frontera se encuentra la emblemática ciudad de Samarkanda (Uzbekistán).

Hemos realizado algunas travesías interesantes por los rincones más remotos del Pamir y conocemos de primera mano la cultura tayika y pamiri y sus entresijos, por eso trabajamos en diseñar nuevas experiencias en el país más desconocido de Asia Central.

Este es un destino solo apto para amantes del trekking, la alta montaña, y la aventura en general. Si buscas un país donde ponerte a prueba y explorar desde cero, Tayikistán es el tuyo.

La diversidad del Pamir

Los lugares montañosos suelen ser tierra de tradiciones y de hermetismo cultural, sin embargo en Pamir no ocurre así. Por aquí pasaron diferentes culturas, algunas para colonizar, otras para quedarse y parte de esas culturas permaneció entre estas montañas. La mayoría de los habitantes del Pamir occidental, los Pamiris, están emparentados etno-lingüísticamente con el grupo iranio occidental, mientras que en la parte oriental la mayoría de los habitantes son Kirguisos, de origen túrquico-altaico. Además de estos dos idiomas, el ruso y el tayico son comúnmente hablados en el Pamir. También hay valles que tienen su propio idioma, todos ellos de la familia del Pamiri y emparentados con el resto de idiomas hablados en el Badajhshan (así es como se denomina oficialmente esta región autónoma de Tayikistan). 

Mientras que los Kirguisos practican la religión musulmán suní, los Pamiris son musulmanes ismailitas, una corriente del Islam perteneciente al chiismo, que ha sido históricamente perseguida por las corrientes más ortodoxas del Islam. En el Badajshan vive la comunidad más grande de ismailitas del mundo y hace unos años, la figura más importante de esta comunidad, Aga Khan, inauguró en Khorough, la capital del Pamir oriental una moderna universidad que contribuya al desarrollo intelectual y económico de esta región.

Las tradiciones y la música del Pamir aglutinan también elementos zoroastrianos, tan populares y extendidos por gran parte del sur de Asia Central antes de su islamización.

Las carreteras del Pamir

Cuando miras en un mapa topográfico el Pamir tayiko solo se ven montañas, glaciares, picos por encima de 6000 metros y pequeñas líneas azules correspondientes a ríos estacionales, helados en invierno y desbordados en verano. La orografía es ciertamente hostil a las carreteras, pero es que la geografía y la historia tampoco ayudan. El techo del mundo, como se le conoce a la provincia autónoma del Badajshán, ese mar de montañas que se extiende por los actuales Tayikistán y Afganistán, es un lugar abrupto y sin domesticar. Hay tres maneras de cruzar el Pamir tayico en vehículo, tres carreteras que prometen aventura, historia, encuentros y paisajes abrumadores. La más “cómoda” es la llamada Autopista M-41. Lo de autopista es un eufemismo cargado de sarcasmo, pero tiene su razón de ser. La M-41 ha sido desde tiempos soviéticos la columna vertebral de esta parte del mundo, uniendo Bishkek con Dushanbe a través de incontables pasos de montaña. Pero es sin duda la autopista, porque sus alternativas hacen que parezca una autopista. La M-41 conecta Murgab, en el este del Badajshan con la capital de la región, Jorog (Khorog). Pasos por encima de 4000 metros y valles serpenteantes espectaculares. A mitad de camino entre ambas “ciudades” está la pequeña población de Alichur, un buen lugar para comenzar una expedición de trekking en el Pamir. También cerca de Alichur se puede tomar un desvío para descender hasta el valle del río Panch (Panj). Esta es la segunda opción de cruzar el Pamir, a través del valle de Wajan (Wakhan). Junto a la frontera con el llamado corredor de Waján, esa pequeña franja del nordeste de Afganistán, esta ruta tiene el aroma de las montañas afganas. Antiguas fortalezas entre montañas áridas, pequeños asentamientos junto al río, donde es posible cultivar (y vivir), todo ello rodeado de enormes picos y glaciares a ambos lados. La última aventura o como dicen en inglés The ultimate adventure, es el valle de Bartang. La “carretera” más septentrional del Pamir es de todo menos una carretera, siendo uno de los sitios más espectaculares desde donde empezar expediciones salvajes de trekking o alpinismo. Por eso es nuestra favorita.

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